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Ojo seco: causas, síntomas, tratamientos y su relación con el glaucoma

Este artículo se ha elaborado en colaboración con Sunglasses Restorer, especialistas en gafas fotocromáticas y recambios de cristales de sol.

Descubre todo lo que has de saber sobre el ojo seco, y su estrecha relación con el glaucoma. En todo caso, lo correcto sería decirlo al revés: el glaucoma está relacionado con problemas de ojo seco.

Sea como fuere, si lees el artículo hasta el final vas a aprender:

¿Qué es el síndrome de ojo seco?

El síndrome de ojo seco es una alteración ocular que produce una falta de correcta lubricación en la superficie ocular. Como su propio nombre indica tenemos la sensación de que al ojo le falta lágrima, y por lo tanto, se seca.

Síntomas del ojo seco

Los problemas del ojo seco pueden manifestarse en una simple irritación ocular, pero también pueden producir inflamaciones importantes e incluso microheridas y cicatrices en la superficie frontal del ojo.

Además de llamarse síndrome del ojo seco, enfermedad del ojo seco o simplemente “ojo seco”, algunas fuentes lo llaman:

-Queratitis seca: inflamación y sequedad de la córnea
-Queratoconjuntivitis seca: además de la córnea afecta a la conjuntiva

¿Cuáles son sus causas?

La principal causa de este problema es una alteración de la lágrima.

En la era digital se puede decir que el ojo seco ha llegado para quedarse. Estar delante de una pantalla durante más de ocho horas no hay ojo que lo resista sin verse afectado. No se trata del ya mítico problema de si las pantallas que emiten luz azul son buenas o malas para los ojos, que es es otro debate diferente. Sino que cualquier actividad que reduzca la frecuencia de parpadeo tiende a producir ojo seco. Leer estaría incluido en estas actividades, pero nadie lee al día ocho horas. En cambio, el móvil sí, los últimos estudios dicen que pasamos más de cuatro horas al día delante de los dispositivos móviles.

Otro de los factores a tener en cuenta es el clima: estar en un ambiente demasiado seco, o demasiado ventoso es otro factor que juega en contra del ojo seco. Un ambiente donde la calefacción o el aire acondicionado estén todo el tiempo puesto, no es nada favorable.

Enfermedades de los párpados que causan inflamación: blefaritis, orzuelo, etc. Esta inflamación palpebral va asociada a una disminución del lagrimeo, con lo cual son causantes del problema.

Algunos medicamentos como los antidepresivos pueden causar síndrome de ojo seco. También algunos antihistamínicos.

  • Cirugías previas, como las de corrección de la miopía.
  • Infecciones oculares anteriores.
  • Menopausia: en la etapa post-menopáusica se produce un aumento de este problema en las mujeres.

Esto no es una clasificación de mayor a menor en cuanto a incidencia se refiere. Tan solo es una mención de todos los factores que pueden desencadenar en un síndrome de ojo seco.

Tratamientos del ojo seco

Los tratamientos para el ojo seco incluyen dos pautas:

  • Paliativos
  • Preventivos

Los tratamientos paliativos se reducen prácticamente al uso de lágrimas artificiales. Si el problema ha derivado en una queratitis, el oftalmólogo puede pautar otro tipo de medicamentos. También es posible que le paute otro tipo de tratamiento destinado a la mayor producción de lágrima, sobre todo lágrima de mayor calidad.

El objetivo de este artículo no puede ir más allá de la mención genérica de este tipo de tratamientos sin hacer referencia con exactitud a los medicamentos usados por los profesionales de la visión. En este caso es el oftalmólogo el responsable de una correcta pauta de los mismos.

Los tratamientos preventivos incluyen las modificaciones menores del comportamiento: descansos en el uso de pantallas, reducción de la exposición a aires acondicionados y calefacción, etc.

El ojo seco y su relación con el glaucoma

Recordamos que el glaucoma es una grave patología ocular que consiste en el aumento de la presión intraocular (PIO), más conocida como tensión ocular, que puede derivar en un daño del nervio óptico y por lo tanto en una importante pérdida de visión.

No te alarmes, si tienes ojo seco no tienes porqué tener glaucoma. Lo que suele suceder es lo contrario, las personas con diagnóstico de glaucoma, suelen llevar asociado el síndrome del ojo seco.

No obstante, si sufres de ojo seco crónico, lo correcto sería pedirle a tu oftalmólogo que te realice las pruebas pertinentes de glaucoma como la toma de la tensión ocular y la campimetría visual.

En muchas publicaciones es habitual referirse a esto como el doble problema.

Es habitual que los pacientes con glaucoma hablan de visión fluctuante, ojos arenosos o lagrimeo inadecuado.

Aquí hay dos problemas bien diferenciados: el ojo seco es «visible» mientras que el glaucoma es «silencioso».  Lo que quiere decir que el ojo seco da la cara de una forma que el paciente nota los síntomas en seguida, mientras que el glaucoma, al tratarse de una pérdida de visión periférica, puede avanzar sin que el paciente lo note hasta que sea demasiado tarde.

¿Qué hacer si tengo glaucoma?

Sin duda, aunque el ojo seco sea más molesto, las opciones de tratamiento principales deben ir encaminadas a tratar el glaucoma. No obstante, el ojo seco causa tantas molestias que no puede dejarse sin tratamiento.

Es un desafío tanto para oftalmólogo como para paciente seguir los dos tratamientos a la vez.
Aunque el glaucoma puede ser tratado mediante cirugía láser, los pacientes con glaucoma deben usar colirios con frecuencia, incluso hasta seis veces al día; añadir otro bote más con más gotas puede suponer el olvido de alguno de los tratamientos, o incluso una saturación para el paciente que puede sentirse frustrado y agotado.

Pero sin duda se hace indispensable para la calidad de vida del paciente y el éxito en la práctica oftalmológica.

Por ello, una buena comunicación entre médico-paciente se hace indispensable.

Cabe reseñar que hay estudios que indican que el uso excesivo de tratamientos en forma de gotas para el glaucoma, pueden ser los responsables de la alteración de la superficie ocular y por tanto causantes del síndrome de ojo seco.

Aquí el desafío es mayor si cabe y la tendencia actual es usar gotas sin conservantes, que son los componentes más susceptibles de alterar la lágrima y estructuras oculares.

Para finalizar, hay que decir que el seguimiento en las revisiones es primordial. Aquí es donde el médico pautará la frecuencia de visita. Si el oftalmólogo lo cree conveniente, puede pedir al paciente que se realice controles de la presión intraocular (PIO) en centros ópticos especializados. Aunque el tonómetro de aire no es tan preciso ni de lejos como el de contacto, llevar un control rutinario del mismo en una óptica cercana al domicilio, puede suponer una gran diferencia entre un buen seguimiento y uno malo.

Esperamos que te haya servido de ayuda y recuerda que esa información nunca podrá sustituir el consejo de un profesional de la visión en consulta. Si notas cualquiera de los síntomas que hemos hablado aquí, lo correcto es que cojas cita con tu oftalmólogo. O también puedes acudir a la óptica y si el optometrista lo considera necesario, será él quien te derive al médico.

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