La salud visual, clave para un buen inicio del curso: detectar la miopía a tiempo puede marcar la diferencia
Con el inicio del curso escolar cada vez más cerca, los especialistas recuerdan que una buena salud visual es un factor determinante para el aprendizaje. Actividades cotidianas como leer, escribir, seguir las explicaciones en la pizarra, utilizar dispositivos digitales o mantener la atención en clase dependen, en gran medida, del correcto funcionamiento del sistema visual.
Sin embargo, numerosos problemas de visión pasan desapercibidos durante años porque muchos niños no son conscientes de que ven mal o no saben expresar las dificultades que experimentan. Esta situación puede repercutir directamente en su rendimiento académico, su capacidad de concentración e incluso en su motivación por aprender.
Desde Cottet, compañía especializada en salud visual, insisten en la importancia de realizar una revisión visual completa antes de la vuelta al colegio para detectar precozmente alteraciones visuales y controlar especialmente la progresión de la miopía infantil, uno de los principales desafíos actuales en salud ocular.
La miopía infantil, un problema de salud pública en crecimiento
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la miopía uno de los grandes retos de salud pública del siglo XXI. Mientras que en 2010 afectaba aproximadamente al 28 % de la población mundial, las previsiones apuntan a que en 2050 cerca de la mitad de la población será miope.
La miopía suele manifestarse entre los 6 y los 9 años y progresa durante el crecimiento. Cuanto antes aparece, mayor es la probabilidad de alcanzar graduaciones elevadas en la edad adulta, lo que incrementa el riesgo de desarrollar patologías oculares como desprendimiento de retina, cataratas o degeneración macular miópica.
Cuando ver mal se confunde con problemas de aprendizaje
Los especialistas advierten de que algunos comportamientos que habitualmente se atribuyen a la falta de atención o al bajo rendimiento escolar pueden estar relacionados con un problema visual no diagnosticado.
Entre las señales de alerta más frecuentes destacan la dificultad para copiar de la pizarra, una lectura lenta o con errores, la pérdida de líneas al leer, una mala caligrafía, dolores de cabeza recurrentes, fatiga visual, problemas de concentración, acercarse excesivamente a los libros o pantallas o entrecerrar los ojos para ver de lejos.
“Un niño puede necesitar un esfuerzo muy superior al de sus compañeros para realizar las mismas tareas simplemente porque no está viendo correctamente. Detectarlo a tiempo puede cambiar de forma significativa su experiencia académica y su bienestar”, explican desde el equipo de visión infantil de Cottet.
Revisiones visuales periódicas, una herramienta preventiva
Los profesionales recomiendan que todos los niños se sometan a revisiones visuales periódicas, incluso cuando no presenten síntomas evidentes.
Entre las principales recomendaciones se encuentran realizar una revisión optométrica a partir de los seis años, mantener controles periódicos para detectar precozmente la aparición de la miopía, acudir anualmente al oftalmólogo pediátrico para descartar posibles patologías oculares y establecer estrategias personalizadas de control cuando exista riesgo de progresión miópica.
Esta recomendación cobra aún más relevancia con la puesta en marcha del Plan VEO, el programa de ayudas destinado a menores de 16 años para facilitar el acceso a gafas graduadas y lentes de contacto, una iniciativa que pretende favorecer la detección precoz y el tratamiento de los problemas visuales durante la etapa escolar.
Innovación para frenar la progresión de la miopía
El incremento de casos de miopía infantil ha impulsado el desarrollo de nuevas soluciones basadas en la evidencia científica. Entre ellas destaca MiYOSMART, la lente oftálmica desarrollada por HOYA junto a la Hong Kong Polytechnic University.
Gracias a su tecnología D.I.M.S. (Defocus Incorporated Multiple Segments), estas lentes actúan sobre el crecimiento axial del ojo, considerado uno de los principales responsables de la progresión de la miopía. Los estudios clínicos realizados hasta la fecha muestran una reducción media cercana al 60 % en la progresión miópica.
Además de corregir los defectos refractivos, algunos centros especializados incorporan programas de entrenamiento visual orientados a potenciar habilidades relacionadas con el aprendizaje, como la coordinación ojo-mano, los movimientos oculares, la visión binocular o la capacidad de enfoque.
Según los especialistas, este tipo de terapias puede contribuir a mejorar la velocidad lectora, reducir la fatiga visual y favorecer un mayor confort durante las tareas escolares, reforzando así el papel de la salud visual como un elemento clave en el desarrollo académico y personal de los niños.


