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Uno de cada cinco mayores de 75 años no podría pagar ayudas para mejorar su visión

Uno de cada cinco mayores de 75 años (18,4%) no podría asumir económicamente el coste de ayudas para baja visión que podrían mejorar su calidad visual. A este porcentaje se suma otro 25,7% de los casos en los que los profesionales de la visión no tienen claro si el paciente podría hacer frente a este gasto. Son algunos de los principales datos del informe Radiografía de la salud visual en la tercera edad, elaborado por la asociación de utilidad pública Visión y Vida junto con Visión España y con el apoyo de Correos Express, filial de paquetería urgente del Grupo Correos. El estudio se presentó el 7 de octubre en la sede del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (INGESA), en Madrid, en un acto en el que participaron Salvador Alsina, presidente de Visión y Vida; Elisenda Ibáñez, coordinadora de la asociación; y Andrés Mayor, presidente de Acción Visión España.

El estudio señala también que una de cada cuatro personas (25,7%) que actualmente padecen pobreza visual podría mejorar su calidad de visión mediante este tipo de equipamientos y ayudas, según los resultados de las revisiones realizadas en establecimientos de óptica.

“Este estudio nace tras haber calculado que en España hay unos dos millones de personas mayores de 65 años que podrían estar padeciendo ‘pobreza visual’. Con esta obra hemos querido examinar cómo ven estas personas, qué dificultades encuentran en su vida cotidiana y qué barreras pueden impedirles acceder a las ayudas que necesitan”, explica Salvador Alsina, presidente de Visión y Vida.

Las necesidades visuales aumentan con la edad

El informe pone de manifiesto que, a edades avanzadas, las necesidades visuales no siempre pueden resolverse únicamente mediante gafas o lentes de contacto. En algunos casos pueden ser necesarias ayudas específicas de baja visión, como lupas o telescopios, que permitan desarrollar actividades cotidianas y mantener determinadas aficiones.

Los resultados indican que las posibilidades de mejora mediante este tipo de ayudas aumentan con la edad. Entre los pacientes de 90 años o más, el 48,6% podría mejorar su visión con estos equipamientos. Al mismo tiempo, cuatro de cada diez (38,6%) valoran su visión como mala o muy mala, con una puntuación de 1 o 2 sobre 5.

Sin embargo, la percepción que tienen los propios usuarios no siempre coincide con los resultados clínicos. Según el estudio, el 81,2% de los mayores de 75 años considera que su visión es buena o muy buena —4 o 5 sobre 5—. En cambio, los datos clínicos indican que, entre ellos, el 49,2% presenta una agudeza visual de 0,1 y el 43,6% una agudeza inferior a 0,4.

“En estudios previos hemos comprobado que los usuarios a estas edades terminan por sentirse conformes con la visión que tienen y optan por prescindir de actividades y hobbies, lo que termina por aislarlos o generar situaciones de dependencia”, señala Alsina.

Leer, reconocer caras o ver con poca luz, entre las principales dificultades

El estudio recoge también las actividades cotidianas que presentan mayores dificultades para las personas mayores. Entre ellas figuran leer libros o correspondencia, coser, conducir de noche, reconocer caras, ver la televisión o desplazarse. A estas dificultades se suma la visión en condiciones de poca luz o ante situaciones de deslumbramiento. El 54,1% de los participantes afirma tener problemas en estas circunstancias, un porcentaje que asciende hasta el 69,3% entre los mayores de 90 años.

Los datos muestran además una baja frecuencia de renovación de las gafas o lentes de contacto. Así, el 22,6% de los mayores de 75 años llevaba más de cinco años sin renovar sus gafas, mientras que entre las personas de 90 años o más el porcentaje alcanzaba el 35,2%. La cifra contrasta con la media nacional aportada por FEDAO, según la cual solo el 2% de los usuarios tarda más de cinco años en renovar sus gafas.

“Hay que tener en cuenta que estos datos han sido recogidos en las propias ópticas, por lo que nos tememos que hay una parte de este segmento de población en situación peor y lo desconocemos”, apunta Alsina.

La accesibilidad a la revisión, un factor de importancia

El acceso a la propia revisión óptica puede representar otra dificultad para una parte de esta población. De media, el 20,7% de los participantes no podía acudir sin acompañamiento a su revisión óptica. Entre los mayores de 90 años, el porcentaje se eleva hasta el 62,8%, aunque el estudio señala que este dato no puede atribuirse únicamente al estado visual de estas personas.

En cuanto a las patologías diagnosticadas, las cataratas son las más frecuentes, presentes en el 50,5% de los mayores de 75 años incluidos en el estudio. De ellos, el 46,6% lleva más de un año esperando para ser operado. Le siguen el ojo seco (37,3%), la degeneración macular asociada a la edad, DMAE (14,9%), y el glaucoma (10,9%). Un 3,1% de los participantes declara tener retinopatía diabética.

“Tenemos que acabar con la idea de que envejecer supone ver mal”, indica Andrés Mayor, presidente de Acción Visión España. Y añade: “La calidad de vida en las personas mayores necesita de un mantenimiento de su visión con diagnósticos precoces, acceso a tratamientos seguros y eficaces y seguimientos que eviten la ceguera”.

El coste económico, una barrera para la salud visual

El informe sitúa el factor económico entre las barreras que pueden dificultar el acceso a determinadas ayudas de baja visión. Para Visión y Vida, esta situación debería abordarse teniendo en cuenta las consecuencias que una visión deficiente puede tener sobre la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores.

“Sabemos que el coste de los equipamientos ópticos puede parecer alto, pero mayor es el coste social que asumiremos como país si permitimos que haya personas en su tercera edad sin buena visión por motivos económicos”, señala Alsina.

El presidente de Visión y Vida recuerda que el 30% de los mayores de 65 años tiene una caída al año y apunta que un tropiezo relacionado, por ejemplo, con una mala visión en condiciones de baja visibilidad, puede tener consecuencias importantes. Según explica, el coste medio de una fractura de cadera se sitúa cerca de los 10.000 euros, a lo que se suman otros costes relacionados con la pérdida de autonomía o las situaciones de dependencia. “Vemos que invertir en la salud visual de nuestros mayores debe ser una prioridad para todos, como sociedad”, concluye Alsina.

Con este estudio, Visión y Vida plantea la necesidad de que la salud visual de las personas mayores forme parte de las medidas destinadas a proteger su calidad de vida y autonomía, y reclama que ni las barreras económicas ni el envejecimiento se conviertan en motivos para resignarse a una peor visión.

Por su parte, Visión España reclama una estrategia nacional de prevención de la ceguera evitable liderada por el Gobierno y consensuada en el Consejo Interterritorial de Salud con todas las comunidades autónomas, junto con planes específicos dotados de los recursos presupuestarios necesarios y con participación de las asociaciones de pacientes en su desarrollo.

Para más información, ACCEDE AL ESTUDIO COMPLETO.