Ruta de la Luz en Perú
Dos ópticas-optometristas voluntarias de la Fundación Cione Ruta de la Luz, la canaria Madhu Prakash Khatnani y la malagueña Mónica Muñoz, viajaron a la ciudad peruana de Ventanilla para llevar a cabo casi 1.000 revisiones en el marco de una campaña de salud visual orientada prncipalmente hacia población infantil. Aun así, atendió también a un gran número de adultos. La Ruta de la Luz ha contado con la Fundación Repsol como contraparte en la ciudad de Ventanilla, que se encargó de la logística y de la preparación previa de la misión óptica. Además, la campaña se divulgó en la comarca en las semanas previas. Cindy, coordinadora de asuntos sociales de Repsol y Óscar, analista de la misma compañía, así como Lisbet (que trabaja en el centro de salud de Anganos), hicieron un llamamiento a los niños de colegios, ancianos de residencias y vecinos de la ciudad, no dudando incluso ir puerta por puerta.
La situación visual en Ventanilla es crítica, con dos grupos de edad de necesidades visuales distintas. Por un lado, la población más joven, de entre 3 y 15 años, padece astigmatismos altísimos, acompañados de una leve hipermetropía. “Ambas optamos por hacer corrección completa de astigmatismos ya que es probable que la gafa que reciban sea la única que tengan en su vida”, valora Mónica.
“En general puede decirse que estos niños no rinden en clase por culpa de su visión”, añade Madhu. Por el contrario, entre la población adulta la incidencia de los astigmatismos es prácticamente nula. El problema visual más común es el propio de la edad, la presbicia. “Sí hemos encontrado un alto número de conjuntivitis y blefaritis siendo un problema relacionado con la falta de higiene”, dice Mónica.
La falta de tiempo, puesto que las dos voluntarias dedicaron todo el que estuvieron en Ventanilla a las revisiones ópticas en jornadas maratonianas de doce horas, imposibilitó la convocatorias de charlas de concienciación sobre salud visual, “pero individualmente sí explicamos a todos los pacientes la importancia de la visión en el aprendizaje”, explica la malagueña. “También les explicamos que cuando recibieran sus gafas, empezaran a usarlas de forma gradual y que no desistieran en el intento a pesar de sentirse mareados al principio”, añade la canaria. “Sentir que con nuestra profesión somos capaces de alegrar vidas, de cambiarlas un poquito, nos hace sentir privilegiadas. Hemos recibido muchas bendiciones por el trabajo. Nuestra labor permitirá que esas personas puedan volver a disfrutar de una lectura, que puedan coser un botón, que un señor pueda seguir trabajando o que un niño vea la pizarra, algo que parece insignificante, pero que es trascendente en sus vidas”, termina Madhu.


